El daño de las construcciones sociales

Publicado: 7 de noviembre de 2013 en Artículos literarios, Opinión
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Aquella mañana cuando entró, notó un olor raro y penetrante. Esa sensación áspera le embargó de nuevo. La casa estaba vacía y en silencio, y esa quietud le golpeó el pecho haciendo brotar de sus ojos un torrente de dolor. Monika, una ciudadana de Leszno, Polonia, acaba de sufrir un daño del que aún no es consciente del todo. La noche anterior, cuando subió al piso de arriba para leerle un cuento a su hija de 12 años, encontró el cuerpo de la pequeña sin vida. Al lado de ella, un trozo de papel escrito que no hacía más que ensombrecer aún más, si cabe, la situación trágica en la que Monika estaba inmersa. La nota había sido escrita por la niña y daba explicación al porqué de que yaciese muerta: se había suicidado. Echaba de menos a su padre, Arek, muerto en 2009 y había decidido ir a buscarle al cielo. Poco se habla en los medios de la causa biológica con la que Maria Kislo se quitó la vida porque, en realidad, ese aspecto es lo de menos. Lo que hace desgarradora a la historia es intentar comprender cómo algo así puede llegar a suceder.

Esta niña polaca no es más que el ejemplo, llevado al límite, del daño que la sociedad puede infligir, sin saberlo, sobre unas mentes y unas almas que aún se están formando y que absorben como esponjas todo lo que les llega, especialmente de los adultos, a quienes consideran su modelo a seguir. Existen unas construcciones sociales creadas para hacer comprender a los niños situaciones desagradables, utilizando la mentira y transformando la realidad por miedo a convertir dichas situaciones en traumáticas. En forma de cuentos, historias o explicaciones tomadas como correctas se les intentan ocultar sucesos que para quien en realidad son dolorosos es para los adultos. Se inventó el cielo por la incapacidad de explicar dónde iba un cuerpo después de morir y hacia esa mentira es a donde hemos arrojado a Maria entre todos. El “País de Nunca Jamás”, ese lugar al que viajan los bebés que se caen de los carritos, del que no se puede volver y en el que no se crece, es un lugar similar al que la niña ha ido en busca de su padre, es a donde los niños viajan con Peter Pan, que es la figura que se ha creado para disfrazar de verde a la muerte infantil.

Los tabúes sociales no siempre callan acerca de situaciones desagradables. También entre ellos hay temas que, como el sexo, no se tratan con naturalidad en un ambiente social entre adultos y, por ello, se les ocultan a los pequeños.

Con el suicidio de Maria llegó la hora de preguntarse si esa constricción autoimpuesta y que hemos hecho extensiva a los menores debe ser reformulada para que deje de hacer un daño que, aunque no demasiado obvio, es latente y constante en la sociedad.

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comentarios
  1. Cher dice:

    Cuanta razón! Yo opino exactamente lo mismo. También hay que reconocer que no es habitual que se suiciden niños por éste “endulzamiento de la realidad” pero si creo que es mejor explicar las cosas verazmente, pero ¡ojo! con tacto y hasta donde sean capaces de entenderlo.
    Buen blog!
    un saludo

  2. […] entró, notó un olor raro y penetrante” fue de la que partió el texto y, por eso, existen otros artículos con un inicio idéntico). El objetivo de la materia era aprender a redactar artículos literarios, […]

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